Suerte versus esfuerzo.

Cuando las cosas te van bien, es difícil distinguir qué cosas se han conseguido con esfuerzo  y qué cosas han venido de pura suerte. A mí me gusta pensar que sin el esfuerzo invertido, los golpes de suerte no hubieran tenido un efecto tan positivo en mi vida, no hubiera estado preparada. Como dije en el post anterior, muchas veces  lo que uno piensa se acaba convirtiendo en realidad, y en este caso, ésa sería una realidad que en la que me gusta pensar. Es mi placebo para la vida.

Lo cierto es que no me gusta pensar en la suerte porque me hace sentir que no tengo control sobre mi vida. No me gusta escuchar “Qué suerte que tuviste, que te han cogido para el trabajo”, por que yo sé lo duro que preparé la entrevista y el esfuerzo de haber estado poniéndome en contacto durante meses con otras mil empresas que no contestaron, hasta que por fin un número desconocido llamó a mi teléfono y me susurró al oido que sí, que me habían aceptado.

No me sentí afortunada, me sentí valorada.

Somos los hacedores de nuestro propio futuro.

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La fuerza de la mente

Tengo una herida en la mejilla interna de la boca. Me mordí , al parecer, en sueños, y duele. Hoy me he dado cuenta de que, de los botes de ibuprofeno que tenía guardados en casa, la mitad estaban caducados. Y llevaba tomándolos como si nada, pensando que me hacían efecto cuando posiblemente no… El efecto placebo, dicen.

Antes de estar aquí en Irlanda, solía ser profesora de Inglés en España, y llegué a conocer una serie de personas de diferentes formaciónes. La gran mayoría necesitaban clases de inglés porque “se les daba mal”. Por que era dificil para ellos, porque no era lo suyo. En este caso, se trataba de casos de hipocondria, que se juzgaban a sí mismos y sus habilidades, y se tachaban de enfermos del inglés: nunca iban a conseguir aprenderlo. Esta visión de sí mismos distorsionaba las capacidades reales que tenían.

Es curioso lo que la mente le hace al cuerpo. Unas veces es beneficioso, como el efecto placebo del que hablaba anteriormente, y otras veces es simplemente fruto de un estrés provocado quizá por un intento de humildad, o un intento de no destacar. La humildad está bien de cara a los demás, es una habilidad necesaria  para vivir en sociedad, pero de cara a uno mismo, uno tiene que ser consciente de las capacidades objetivas que tiene.