Cuando tu pareja no habla tu idioma….

Como algunos sabréis, mi prometido es estadounidense. Él está aprendiendo español, pero aun tiene bastante que mejorar. En esta entrada me gustaría contaros algunos de los problemas que surgen en el día a día cuando tu pareja no hispanos parlante, visita tu país.

1. Tu madre tiende a hablarle como si fuera sordo.
Claro. Cae de cajón.

2. Tu madre tiende a hablarle como si fuera un niño pequeño.
El lenguaje que utilizamos con los niños es muy artificial, no sigue las reglas gramáticas convencionales, ni muchas veces de lógica, y es más complicado de seguir para un extranjero.

Con todo, los malentendidos no siempre terminan en confusión. Yo he llegado a escuchar a mi madre y a J. teniendo una conversación muy interesante sin mi ayuda, para luego descubrir que estaban hablando de cosas diferentes y los dos habían interpretado lo que el otro decía a su propia manera.

3. El caos de los gestos españoles.i-5744-cg-32713-1
Muchos dirán, con gestos se entiende la gente. Pues no. El gesto de hincar los codos, no significa “estudiar” en todas partes. Abrir y cerrar la mano en un puño para indicar mucha cantidad de algo… tampoco funciona en otros paises. Estos son sólo algunos de los ejemplos, pero hay un montón, y la cara de J. siempre es un poema cuando sucede.

 

4. Tus amigos se intentan comunicar con él.
En españa nos conocen porque nuestro nivel de inglés, en general, no es muy bueno. Esto deriva a que mis amigos recurren a mí muchas veces para ayudarles a expresar sus ideas en inglés y poder comunicarse con J., lo cual esta bien salvo cuando mis amigos son especialistas en un tema (ej. Leyes, ciencia, medicina) y me preguntan cómo decir en inglés términos muy específicos que no sé ni siquiera lo que significan en Español.

¿Pero tú no eras filológca? Sí, lo que no soy es física, ¡leñe!.

O cuando me piden traducir una palabra, y pido un contexto, pero me responden. “No, me refiero a cómo se dice en general, en general”. ¡Así no funciona!

5.No tienes vacaciones. Estar traduciendo para tu prometido, tu familia, y tus amigos, las 24 horas del día, cansa. Y mucho. Especialmente porque suele ser durante mis vacaciones, que es cuando voy a España. Es decir, hago de todo menos descansar. Consecuencia: se me pone un mal humor del copón. Muy poca gente entiende esto.

6. Todo el mundo quiere se el primero en mostrarle a tu pareja algo. Ya sea el mejor restaurante de hamburguesas de la ciudad -que ya vale… ir a España de vacaciones y acabar en una hamburguesería… ¡llevadnos de tapeo!- , o la comida más extraña de nuestras tierras -caracoles, oreja de cerdo, sesos…- parece que se convierte todo en una competición para ver quien es el primero en ver la reacción de J. a estas cosas.  Por suerte, a él encaaaanta probar cosas diferentes así que no tiene mucho problema. Después de todos estos años, J. ha probado ya de todo y se puede ver la frustración de mis amigos al no conseguir encontrar algo que todavía no haya probado jejeje

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Aún así, la verdad es que si no fuera por estas pequeñas anécdotas nuestras vidas serían muy tristes. En Septiembre estamos planeando volver a España, porque a J. le han admitido en una universidad española. Con suerte, a J. no le costará demasiado pillar el idioma -lleva ya varios meses estudiandolo a saco- y la mayoría de estos problemas se disiparán. Ya tenemos ganas de ver el sol a diario y tomar cervezas al aire libre. Ah sí, y a ver a la familia y amigos, claro.

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Relatividad

Que el tiempo no es inmutable, sino relativo a cada cuerpo y su velocidad en el espacio, es algo que sólo sabemos desde hace poco más de un siglo, gracias a aquel simpático alemán que tuvo algún que otro día inspirado. Bueno, parece ser que en realidad no era tan simpático, pero eso no resta mérito a la revelación que hizo a la humanidad. No es fácil convencer al mundo entero de la veracidad de una teoría que topa de frente con la intuición. De hecho, creo que la mayoría de personas todavía no comprendemos ni una pequeña parte de todo lo que esa idea implica.

Hablar del tiempo siempre ha resultado algo muy complejo (excepto si te encuentras en un ascensor). Miles de filósofos y físicos llevan siglos discutiendo acerca de su naturaleza, y lo cierto es que aún hoy no lo tienen nada claro. Incluso hay quien piensa que el tiempo realmente no existe, y que es sólo una percepción que emerge de una realidad más fundamental, realidad que por supuesto tampoco conocemos.

Si tanta gente ha sido incapaz de llegar a una conclusión, no voy a ser yo el que trate de encontrarla, dejemos que los científicos sigan entretenidos. De lo que quiero hablar no es de la relatividad física del tiempo, sino de su subjetividad psicológica. Comparar ambos conceptos no es ninguna novedad, de hecho el propio Einstein lo hizo en su momento:

“Cuando un hombre se sienta con una chica bonita durante una hora, parece que fuese un minuto. Pero déjalo que se siente en una estufa caliente durante un minuto y le parecerá más de una hora. Eso es relatividad”

Todos hemos experimentado infinitas veces algo parecido a estas palabras de Einstein. Desde nuestro punto de vista, el tiempo pasa mucho más deprisa cuando estamos disfrutando, que cuando nos encontramos sumidos en el aburrimiento o la angustia. Por lo general, nuestro cerebro “acelera” el tiempo cuando es estimulado por sentimientos positivos y lo “decelera” ante sentimientos negativos. Hasta el lenguaje incide en ello, y por eso cuando notamos que las horas no avanzan, decimos que necesitamos matar el tiempo, como si en ese momento no nos sirviese para nada y nos lo quisiéramos quitar de encima.

Estamos tan habituados a que nuestra mente funcione de esta forma, que resulta interesante plantearse cómo serían nuestras vidas si el cerebro actuase de forma inversa, es decir, ralentizando el tiempo cuando se enfrenta a sentimientos positivos e incrementado su velocidad en los momentos de negatividad.  Sería genial manejar nuestra vida como si de un DVD se tratara, poniéndola a cámara lenta en nuestros momentos de gloria y acelerándola a toda prisa en nuestras horas más bajas.

Por desgracia, todas estas suposiciones son una quimera. Está claro que los seres humanos somos seres imperfectos, pero quiero pensar que en el fondo nuestro cerebro no es tan cabrón y funciona así por algún motivo. Heidegger decía que el tiempo es la categoría básica de la existencia, y quizá percibirlo de la forma en que lo hacemos sea lo que nos impulsa a avanzar en nuestras vidas. Para crecer necesitamos avanzar, y por ello no podemos quedarnos atrapados en un momento concreto de nuestra existencia, por muy feliz que sea, sino que tenemos que perseguir un nuevo pequeño instante de felicidad caminando a través del desierto de la monotonía. Una vez alcanzado ese instante, y sin tiempo casi para paladearlo, ya estaremos en búsqueda del siguiente. Y así eternamente, hasta que nuestro cuerpo se consuma. En eso consiste vivir.

Pero si pudieramos estirar como un chicle la percepción de nuestros instantes felices, ¿quién no iba a tener la tentación de dilatar una sonrisa, una mirada, o un beso, hasta hacerlos eternos?

FutureMe

¿Te has parado a pensar alguna vez lo mucho que ha cambiado tu vida respecto a hace 4 años, por ejemplo? Seguro que sí. ¿Y lo mucho que puede que cambie? En cierto modo, da un poco de miedo, pero al mismo tiempo es emocionante. Ahora podéis enviaros un e-mail a vuestro futuro yo gracias a FutureMe. Es muy sencillo de utilizar y la verdad es que a mí me ha gustado mucho la idea.

Yo ya me he escrito tres cartas, una para finales de este año, otra para dentro de tres año y otra, para dentro de cinco. Las dos primeras las escribí hace mucho -hará un par de años-, así que ya ni recuerdo exactamente lo que dije. Pero tengo muchas ganas de recibirlas y ver las expectaciones que tenía (tengo) de la vida, así como lo que me hacía ilusión, lo que pensaba, lo que había hecho ese día en particular…. y comprarlas con mi yo lector.

Creo que es un buen ejercicio para analizarse a uno mismo y darse cuenta de lo que es importante -para ti- , y de lo que no lo es. Y de ver la evolución que muchas veces pasa desapercibida.

Os dejo con este pensamiento,

Nube

Hablar en público

Mañana comienzo a hacer un curso sobre Public Speaking – Técnicas para hablar en público-. Me apunté porque aunque ya no tengo tanto miedo  a hablar en público como solía, sí que es verdad que a veces, por nervios, o por X, las charlas no salen tan bien como deberían: a veces hablo demasiado rápido, o demasiado bajito, o las dos cosas a la vez.  Además de que el curso está organizado por la empresa y eso siempre es un plus (no tengo que moverme al otro lado de la ciudad), la retórica ha sido una habilidad en la que siempre he estado interesada y que encuentro extremadamente útil en el mundo de hoy en día (Entrevistas, negociaciones, presentaciones…). 

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Este curso en particular me lo ha recomendado una compañera de trabajo, así que confío en su criterio. Se trata de un curso que aborda las técnicas de hablar en público tanto desde un punto de vista teórico como práctico. Todas las semanas tendremos tareas en las que nos pedirán que elaboramos un texto para reproducir en frente de la clase la semana siguiente. Y cada semana tendremos que tener en cuenta unos puntos concretos: Una semana, tendremos que centrarnos en hablar bien alto, otra semana, en exponer un tema por medio de listas, otra semana, en hablar  y movernos por la habitación al mismo tiempo etc etc.

Yo tengo la seguridad de que está en nuestras manos mejorar aquellas habilidades que puedan dársenos peor. Si hay algo de ti que te gustaría mejorar, te animo a que lo intentes. Las cosas que se nos dan mal  por falta de práctica, o formación, no porque “seamos así”. Y todo, absolutamente todo, puede mejorarse, da igual la edad que tengas. Por supuesto, si no lo intentas, no vas a mejorar por arte de magia. ¡Da el primer paso!

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Mi día en 4 habilidades

ESCUCHA

Hoy he escuchado el siguiente video sobre la “epidemia” de los miopes y por qué hay muchos más en los últimos años de lo que había años atrás. Parece que pasar tiempo en contacto con la luz solar podría ayudar a prevenir los problemas de visión. ¿No me créis? ¡Ved el video!

LECTURA

Este es el libro que estoy leyendo en este momento. De camino al trabajo he leído algunas páginas. No es una novela, sino más bien un ensayo sobre la puntuación escrito de forma muy divertida. Ya escribiré una reseña cuando lo termine 🙂

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ESCRITURA

Aparte de escribir este post, también he escrito correos electrónicos a clientes e incluso una historia corta. Trata de una muchacha que esta loca, la pobre, y todo le parece una amenaza en este mundo. Está encerrada en una habitación y le están haciendo pruebas. El elemento decisivo de la historia es un cojín, ¡ya no digo más!

EL HABLA

Hoy he hablado con mis compañeros de trabajo sobre los Fados portugueses -una de mis compañeras es portuguesa- y cómo en España tenemos al visión de que son muy tristes y deprimentes (Aunque a mí personalmente no me parecen deprimentes). Resulta que no sólo  hay fados tristes, también los hay graciosos. Esto me ha recordado a las jotas de Aragón -de donde soy- y cómo éstas pueden ser religiosas, o graciosas también.

Suerte versus esfuerzo.

Cuando las cosas te van bien, es difícil distinguir qué cosas se han conseguido con esfuerzo  y qué cosas han venido de pura suerte. A mí me gusta pensar que sin el esfuerzo invertido, los golpes de suerte no hubieran tenido un efecto tan positivo en mi vida, no hubiera estado preparada. Como dije en el post anterior, muchas veces  lo que uno piensa se acaba convirtiendo en realidad, y en este caso, ésa sería una realidad que en la que me gusta pensar. Es mi placebo para la vida.

Lo cierto es que no me gusta pensar en la suerte porque me hace sentir que no tengo control sobre mi vida. No me gusta escuchar “Qué suerte que tuviste, que te han cogido para el trabajo”, por que yo sé lo duro que preparé la entrevista y el esfuerzo de haber estado poniéndome en contacto durante meses con otras mil empresas que no contestaron, hasta que por fin un número desconocido llamó a mi teléfono y me susurró al oido que sí, que me habían aceptado.

No me sentí afortunada, me sentí valorada.

Somos los hacedores de nuestro propio futuro.

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La fuerza de la mente

Tengo una herida en la mejilla interna de la boca. Me mordí , al parecer, en sueños, y duele. Hoy me he dado cuenta de que, de los botes de ibuprofeno que tenía guardados en casa, la mitad estaban caducados. Y llevaba tomándolos como si nada, pensando que me hacían efecto cuando posiblemente no… El efecto placebo, dicen.

Antes de estar aquí en Irlanda, solía ser profesora de Inglés en España, y llegué a conocer una serie de personas de diferentes formaciónes. La gran mayoría necesitaban clases de inglés porque “se les daba mal”. Por que era dificil para ellos, porque no era lo suyo. En este caso, se trataba de casos de hipocondria, que se juzgaban a sí mismos y sus habilidades, y se tachaban de enfermos del inglés: nunca iban a conseguir aprenderlo. Esta visión de sí mismos distorsionaba las capacidades reales que tenían.

Es curioso lo que la mente le hace al cuerpo. Unas veces es beneficioso, como el efecto placebo del que hablaba anteriormente, y otras veces es simplemente fruto de un estrés provocado quizá por un intento de humildad, o un intento de no destacar. La humildad está bien de cara a los demás, es una habilidad necesaria  para vivir en sociedad, pero de cara a uno mismo, uno tiene que ser consciente de las capacidades objetivas que tiene.